Brenda Navarro escribió la mejor novela mexicana de la década. Con una técnica narrativa innovadora y sorprendente, despierta el interés desde el primer párrafo, transmite sentimientos intensos y expone una reflexión profunda de lo que es ser una madre en nuestra sociedad.


Daniel desapareció tres meses, dos días, ocho horas después de su cumpleaños. Tenía tres años. Era mi hijo. La última vez que lo vi estaba entre el subibaja y la resbaladilla del parque al que lo llevaba por las tardes. No recuerdo más. O sí: estaba triste porque Vladimir me avisaba que se iba porque no quería abaratar todo. Abaratar todo, como cuando algo que vale mucho se vende por dos pesos. Esa era yo cuando perdí a mi hijo, la que de vez en cuando, entre un conjunto de semanas y otras, se despedía de un amante esquivo que le ofrecía gangas sexuales como si fueran regalos porque él necesitaba aligerar su marcha. La compradora estafada. La estafa de madre. La que no vio.”

«Casas vacías» está escrita de forma que parece que una mujer nos toma de frente y nos cuenta y nos remacha su vida.Maneja los tiempos de manera que vemos cómo los personajes principales intentan desatarse de sus problemas pero nosotros sabemos el final.

“… al mes de andar le dije que yo quería tener una hija, que si se animaba, que estaba muy guapo, que nos iba a salir bonita. Rafael se río y me aventó, no estés ch….ndo, me la voy a creer, me dijo. Pues créetela, porque es en serio. Me dijo que lo pensaría, pero ni pensó nada. Así me trajo un año.”

Brenda Navarro escribe en monólogo y logra dar voz fiel a personajes muy distintos. Identificamos, de inmediato, a seres reales que tenemos cerca en nuestra vida. El lector no puede ser indiferente, con cada página se vive la esperanza angustiante y el dolor liberador de la trama.

“Era posible que nos inventáramos el llanto para no hablar porque, ¿quién cuestiona al que llora? Nadie, se le puede olvidar, ignorar, silenciar, pero cuestionar nunca.”

Brenda Navarro tiene 38 años, según el grupo literario kajanegra, tiene un máster de Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía por la Universidad de Barcelona. Sus líneas de investigación están relacionadas con derechos laborales y usos del tiempo de las escritoras, el acceso de mujeres a la
cultura, derechos y humanidades digitales, y la construcción de identidades dentro de los campos de poder de la industria editorial. Es parte de la Asociación Internacional de Feministas Economistas [IAFFE, por sus siglas en inglés] así como de la Asociación Clásicas y Modernas [organización española para la igualdad de género].
Actualmente trabaja en temas relacionados con migraciones y también colabora con Pikara Magazine.

“Y mientras lloraba me acordaba de cuando mi mamá me quiso ahogar. Ella dice que no pero yo sé que sí, si no estoy p…eja. Me acuerdo clarito que puso el agua caliente en la tina y me dijo que me metiera, luego hizo como que jugábamos y en una de esas me resbalé y me caí dentro del agua y ella puso su mano en mi cabeza para que yo no pudiera salir. Yo pataleé y movía mis manos con desesperación, pero ella no dejaba que yo sacara mi cabeza, hasta que por fin la quitó. Yo abrí la boca y tomé aire y me dolió la nariz y ya cuando sentí que estaba a salvo, grité y empecé a llorar, pero ella en vez de decir algo, se puso a reír. ¿Ya vas a llorar? Ni aguantas nada, me dijo.”

Esta es una espléndida e inolvidable novela sobre las madres, sobre México.
Enfoca y pone luz sobre los comportamientos que nunca mencionamos, que hacemos como que no los vimos, que negamos.

Si este año se quiere dar un premio, hágalo leyendo esta novela.

“Me dio lástima. Tampoco él saldría de aquí, ni iría a ningún lado nunca, ni sería feliz como todos nosotros. Como que él me confirmaba que todos nosotros habíamos nacido a lo p…ejo.”