Quienes me conocen bien saben lo que para mí significan los domingos. Conocen que el primer día de la semana lo considero un día especial, familiar, para acercarme a mis seres queridos, para alimentar mi espiritualidad, compartir mis creencias y adorar en este día que considero sagrado.
Los que me conoce bien, también saben que yo escribo lo que pienso. No me ando con rodeos ni inventos. Lo que usted lee sobre las situaciones, las personas, los acuerdos y desacuerdos, es lo que hay en mi pecho, y mi pecho no es bodega.
Aclaro los dos asuntos anteriores para agregar que el domingo también es un día para hacer lo que es justo y en esta columna manifestaré lo que creo es necesario para darle su verdadera dimensión a un tema que me parece se ha tratado de manera injusta.
Sería imposible enumerar la cantidad de personas y ocasiones en las que hemos escuchado a individuos de diferentes corrientes o grupos políticos defender a las mujeres. Argumentar la necesidad de reconocer sus virtudes, su grandeza y la dependencia que tenemos de sus cualidades. La importancia que tiene su participación en la vida pública y la necesidad de darles el espacio y el reconocimiento que se han ganado.
Muchos de ellos en discursos de doble o falsa moral porque, cuando tienen enfrente a una mujer con esa estatura, demuestran su verdadera cara y se olvidan de la teoría que falsamente defendían para denostar a la o las mujeres que, con mucho, han demostrado, y siguen demostrando, tienen una estatura a la que nunca podrán llegar.
Uno de esos casos es el de la Diputada Angélica Díaz de Cuén.
Aprovecho este día especial para reconocer su calidad, su estatura, su trabajo, su valor, su generosidad y su capacidad.
Como le dije al principio de este texto, yo escribo lo que pienso. A algunos les gusta, a muchos les disgusta o hasta les molesta pero, como les digo al final de cada columna «Eso creo yo». Afortunadamente tengo la libertad de expresarme y decir lo que de verdad creo, a favor o en contra de los personajes que, al estar en el mundo político, se convierten en personas públicas.
Me parece de muy mal gusto, y de doble moral, menospreciar el trabajo de la Diputada Díaz de Cuén con el argumento de que es la esposa de Héctor Melesio ¿Pues no que no son misóginos y valoran a las mujeres? ¿En dónde queda el reconocimiento al esfuerzo individual de las mujeres? ¿En dónde queda el discurso en el que se alienta a las mujeres a labrarse su propio nombre y trayectoria? Dejen la doble moral a un lado y reconozcan lo que se ha hecho.
Jesús Angélica Díaz Quiñónez no es una señora que salió en la tómbola y se convirtió en Diputada. Es Licenciada en Contaduría Pública con postgrado en Educación Superior.
Dejó un legado en el voluntariado universitario en el tiempo en que su esposo fue Rector de la UAS y lo mismo ha hecho en los cargos de la Secretaría de Activismo Social del Comité Ejecutivo y como Coordinadora Estatal de Activismo Social del Partido Sinaloense.
Ha labrado su nombre con el trabajo voluntario ayudando a muchas jefas de familia a encontrar y desarrollar proyectos productivos que les permitan tener ingresos para sostener a sus hijos.
Como Diputada, se ha convertido en la más productiva al haber presentado, hasta el 15 de febrero pasado, 320 iniciativas, de las cuales se han aprobado 45 en el pleno del Congreso del Estado de Sinaloa.
Y no solo ha presentado iniciativas y le han sido aprobadas. Como Diputada ha tenido que soportar a esos tipos de doble moral, que por un lado defienden a las mujeres, como si lo creyeran, y por el otro tiran lodo demostrando su ignorancia, su bajeza y desvergüenza.
Hay otro argumento que me parece ridículo. Que la Diputada Díaz Quiñónez tiene a «toda la UAS haciéndole iniciativas». Yo nunca le hecho alguna y soy universitario. Con esas palabras están declarando que Sergio Jacobo, coordinador del Grupo Parlamentario del PRI en el Congreso del Estado de Sinaloa, le hace iniciativas a la Diputada, porque él es universitario; o Jesús Valdez, presidente estatal del PRI, o Faustino Hernández, Erika Sánchez, Graciela Domínguez y «toda la universidad» que incluye a todos los que somos universitarios.
Sostengo, tal y como lo he dicho en varias ocasiones, que la candidata natural a la Presidencia Municipal de Culiacán por el PAS, y ahora de MORENA en la candidatura común, es Angélica Díaz. Pero esta incapacidad que nos hace pensar que lo sería por su esposo y no por sus méritos, es lo que la aleja de una oportunidad que se ha ganado por esfuerzos propios y de su gran equipo de trabajo en el que se encuentran los doctores Urías y Borbón, además de Marisol Herrera, entre otros.
Dejemos de practicar la doble moral y pongamos los pies en firme. La Diputada Angélica Díaz Quiñónez tiene para darle las buenas y las malas a varios de los que ponen en duda su capacidad, pero, a diferencia de ellos, es prudente y sabe cuándo será el momento y el lugar de demostrarlo y hacerlo de manera contundente.
Hay muchos ejemplos en los que queda de manifiesto la calidad humana de Díaz Quiñónez, algunos sencillos pero de gran profundidad y clara muestra de lo que se tiene en el fondo. Si quiere un botón, pregúntele a las defensoras de los animales quién les llevó desayunó cuando, ya con mucha hambre, habían aguantado toda la noche encerradas en el Congreso del Estado de Sinaloa para impedir que les aplicaran el falso Parlamento Abierto y evitar que la Ley de Protección Animal fuera otro engaño a los sinaloenses.
He hecho una pausa a mis reuniones familiares, a mis momentos de adoración, estudio y meditación para declarar mi desacuerdo con quienes no valoran el esfuerzo de alguien que, sin ninguna necesidad, ha dedicado muchos años a buscar un Sinaloa mejor. Eso creo yo.











