En la más reciente sesión de la Diputación Permanente, del Congreso del Estado de Sinaloa, se escuchó la frase “Es muy difícil debatir en un parlamento cuando se confronta la ignorancia”. Aunque a algunos les parecerá un insulto, es parte del retrato de la realidad del poder legislativo en nuestro Estado.
Y es que, como le comenté en una columna anterior, una de las características de esta LXIII Legislatura es la ciudadanización causada por la llegada de MORENA, gracias a la ola de Andrés Manuel López Obrador; no solo llegó a la Presidencia de la República, además, permitió que ciudadanos comunes y corrientes se convirtieran en legisladores, locales y federales.
Por supuesto que llegaron personas desconocedoras de los elementos básicos de lo que es ser Diputado; recuerden que una cantidad interesante no son políticos, son ciudadanos sencillos y de a pie. Pero, eso no es lo que juzgo más importante, es parte del costo de la democracia que vivió una manifestación plena el 1 de julio del 2018.
Lo que hay que preguntar es ¿Cómo se ha administrado esa ignorancia? Permítame describir la diversidad que he podido ver en este año y 6 meses en el Congreso de Sinaloa.
En octubre del 2018 se presentaron los que nunca se han dado cuenta de su incapacidad, incluso se consideran brillantes. Están tan confundidos que imaginan que su estatus es de poderoso Super Saiyajin; al grado de sentirse intocables, y las ocasiones en que “les han seguido el rollo”, las presumen por ser una muestra de “su poder”. Pero pronto verán que no es así, se lo aseguro.
Tenemos los que no se han dado cuenta que son Diputados. Nadan de muertito, cobran el cheque, no causan problemas, tampoco beneficio, excepto cuando votan, que hacerlo “siguiendo la carroza” es de por sí reprobable. Entre estos hay una subdivisión, los que han concluido que mejor no hacen nada porque cada vez que participan la riegan. Así que mejor no moverse.
Por supuesto están los que decepcionaron. Aquellos en los que, por sus antecedentes, había quienes esperaban una actuación destacada, crítica, firme, irreprochable, y han caído en el olvido. Las causas apenas ellos las podrán explicar. Entre lo que han comentado está la afirmación de que los bloquean, los ningunean, les roban las propuestas o se las congelan. Algunas de esas ideas son ciertas.
Están los que llegaron conscientes de su falta de conocimiento, su falta de experiencia, pero con la actitud correcta. Han buscado aprender, se pusieron a estudiar, se han arriesgado a enfrentar el estrado y pararse ante el pleno, y después analizar de manera seria su participación, de forma que se ha notado su crecimiento. De estos, varios casos me vienen a la mente y deberían ser considerados para repetir o ser presentados para otro cargo. No le doy nombres para no influir en su juicio. Usted decida quiénes caen en esta categoría y me dice para ver si coincidimos.
Por otro lado, descubrimos a los que sí saben, que han estado a la altura. Estos son los que, en la mezcla, traen experiencia, nivel académico, deseos de servir, facilidad de palabra y destreza mental. Pero además son legislativamente productivos. Incluso saben leer. Son los menos, sí, indudable pero, sí hay.
De estos dos últimos grupos destaco los que, sin experiencia legislativa, a base de sus otras cualidades intelectuales, nos han sorprendido gratamente. ¿Cuál ha sido la diferencia que ha marcado a quienes podemos colocar en esta lista? Por un lado, que han hecho un análisis humilde pero sincero, sin darse ni quitarse, y se han dejado ayudar por asesores de nivel. No los lleva y trae, que varios tienen; personas que sí les ayudan a hacer la chamba.
Entre los DIPUTADOS y los diputados están la actitud y los asesores. Eso creo yo.











