El retorno a las aulas tras el periodo vacacional implica un proceso de readaptación neuropsicológica y social que va más allá de la compra de útiles escolares; por ello, es primordial que los padres de familia acompañen este ajuste de manera gradual y empática, destacó la psicóloga universitaria Adilene Guadalupe Madrid Osuna.
La coordinadora de la Unidad Regional Centro (URC) del Centro de Atención Estudiantil (CAE) de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) explicó que durante las vacaciones suelen perderse ciertas rutinas y horarios, lo cual, al retomar las actividades escolares, puede detonar diversas reacciones emocionales en niñas, niños y adolescentes.
“Probablemente el niño sienta ansiedad o nerviosismo al retomar una estructura como tal, al pensar en el rendimiento académico, en que ahora debe estar sentado y cumplir con ciertas exigencias, así como en lo que dirán su mamá y la maestra. Esto también puede influir en cambios emocionales como la irritabilidad o el rechazo a asistir a clases”, indicó.
La especialista señaló que este periodo requiere una atención proactiva por parte de los padres de familia, por lo que recomendó mantener una comunicación abierta y validar las emociones de los hijos, conversar sobre el regreso a clases y gestionar previamente las condiciones para un retorno saludable. Asimismo, sugirió ajustar los horarios con anticipación —principalmente el del sueño— y tener paciencia ante los cambios de conducta que puedan manifestar durante las primeras semanas.
“Es recomendable que este ingreso a clases sea gradual, que no sea como encender un switch y estar predispuestos a que ellos se tienen que adaptar de la noche a la mañana”, enfatizó.
Finalmente, la psicóloga de la UAS aconsejó posponer las actividades extraescolares durante las primeras dos semanas para no saturar al estudiante y permitirle enfocarse en la adaptación al aula. Reiteró que la paciencia y la empatía en el hogar son clave para garantizar un regreso a clases equilibrado.











