En varias ocasiones me han preguntado qué opino de los Diputados de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado de Sinaloa. Incluso revisando la lista que aparece en la página oficial del Congreso, nombre por nombre. Una de las preguntas más recurrentes es a quién le veo más posibilidades para el futuro, esto es, más potencial de crecimiento político, no solo de influencia sino de comprensión, visión y desarrollo de capacidades.
Quienes me lo han preguntado han coincidido en casi todos en los que, de manera personal, creo pueden dar mucho más y se ha estado viendo esa mejora.
Cuando han surgido este tipo de conversaciones ha sido necesario dejar a un lado el afecto y la amistad que se ha generado con algunos de los Diputados y ser realista en cuanto a su verdadera condición, capacidad y desarrollo mostrado en los 2 años que han transcurrido de este trienio legislativo.
Una de las Diputadas por las que he ido desarrollando aprecio, y supongo que ella también, es la Diputada Roxana Rubio Valdez, actual Presidenta de la Mesa Directiva. Me parece una mujer sincera, sin la malicia de los políticos quemados, relajada, pero a la vez comprometida en hacer su trabajo, y hacerlo bien. Interesada en avanzar en su carrera pero no ambiciosa al grado de no importarle lo que tenga que sacrificar.
Esa es mi opinión. Usted puede estar o no de acuerdo conmigo, eso no cambia la percepción que yo tengo de ella.
Cuando me enteré de que sería la Presidenta de la Mesa Directiva en el 3er. año me alegré por ella. Es una oportunidad que debe dejarle mucho aprendizaje y experiencia. Además de la importancia en el currículum profesional.
Con base en lo anterior, no puedo permitirme que el aprecio personal me impida poner en la mesa los desaciertos en los que ha incurrido mi querida Roxana al dirigir las sesiones del Congreso local.
No solo ha ignorado la Ley Orgánica, sino que también ha violentado los derechos de sus compañeros Diputados, así como hecho burla y escarnio de iniciativas presentadas por sus pares.
Desconozco si no le ha caído el veinte de que ella es la PRESIDENTA DE LA MESA DIRECTIVA. Sí, sí lo eres Roxana Rubio. Por lo que no importa qué tan planchadas vayan las iniciativas, o si le quieren imponer sus opiniones los que se creen dueños del Congreso. Usted está para poner orden y ese orden está sujeto a la Ley Orgánica, con todos sus errores. Ese es el rasero y la medida.
Lo sucedido con la Diputada Karla Montero es una situación que no debió llegar a esos extremos.
Parece necesario aclarar que, de acuerdo con el artículo 137, las iniciativas podrán ser de Ley, Decreto o Acuerdo. Siendo iniciativa de Acuerdo aquella que tienden a una resolución que por su naturaleza no requiera para su validez de la sanción, promulgación y publicación (Artículo 140).
Lo que pasó con la iniciativa de Karla Montero es que se aceptó en el orden del día, se leyó, se puso a discusión, se presentaron opiniones al respecto, y después se dan cuenta que no contenía los fundamentos de derecho que apoyara sus pretensiones (Artículo 136 fracción III).
Sin embargo, la Mesa Directiva no es una sola persona y este órgano colegiado no es el único responsable de las condiciones en las que llegan las iniciativas al momento de la sesión.
Si la Diputada Rubio Valdez consideró que no estaba correctamente fundamentado el Punto de Acuerdo de obvia y urgente resolución, lo primero que debió de hacer es no permitir que se incluyera en el orden del día (ARTÍCULO 41 Bis B. Fracción V).
Si se cometió el error de incluir la iniciativa incorrectamente redactada, debió hacer la observación para retirarla antes de considerarla para lectura. Si permitió la lectura, tendría que haberse dado el resto del trámite.
Pero ¿A quién se le ocurre bajar un punto del orden del día pasada la discusión?
Si los «dueños del Congreso» le dijeron que eso tenía que hacerse, podría haberles contestado con los Artículos 58 Fracción V, 141 y 143; haciendo responsables a la comisión correspondiente y a la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) por la omisión, falta de oficio, ignorancia, irresponsabilidad y «chafismo» (No encontré la palabra adecuada que no pareciera altisonante) en lugar de demeritar el trabajo de la Diputada Montero con el que, para colmo, todos estaban de acuerdo.
El otro caso, el de la Diputada Victoria Sánchez, por el estilo.
¿Cómo es posible que consideren tan acordado un nombramiento que ni siquiera permitan que se opine? ¿Cómo ponen a votación un dictamen prohibiendo la discusión antes de ser votado?
No amiga, tendrá que fajarse las faldas y decirles a los «mandamases» que las cosas no son así. No le puede negar el derecho a hablar a ningún Diputado, por más planchado que vaya el dictamen. Y menos imponer el silencio para que voten como zombis. Se suponía que ese tiempo ya se había acabado. Se suponía.
Como aderezo, en la reunión de comisión, previa a la del pleno, no solo se negó el tiempo solicitado para verificar si de verdad cuenta la Alcaldesa de Salvador Alvarado con el perfil profesional, tampoco se permitió la revisión de otros argumentos que pudieron cambiar el sentido de la votación.
Para muestra solo le dejo este botón para su análisis. El estimado Presidente Municipal Fallecido era hombre. ¿No es uno de los postulados de la equidad de género que en caso de renuncia o muerte se procederá a efectuar la sustitución mediante una fórmula que cumpla con las mismas cualidades con las que fueron registrados? Le recuerdo que los Ayuntamientos van en fórmula.
¿No es cierto que otro postulado es que, de ser necesario, el suplente debe ser del mismo género?
Entonces el suplente de Guamúchil debería ser un hombre, o ¿Están pensando en cambiar a la Sindica Procuradora para cumplir con la equidad? Pues no se puede, ella fue electa en la fórmula.
Esto es solo un ejemplo de lo mucho que se pudo discutir en la sesión en la que se prohibió el uso del estrado.
Nada en contra de la nueva Alcaldesa. Todo en contra de la expresión «CIÉRRENLE EL MICRÓFONO».
Hasta la sesión de ayer estos son los granitos más prietitos del arroz. Ambos parecen haber sido dados como indicación seguida a ciegas. No creo, ni considero posible que haya sido, en ninguno de los casos, una acción de mala fe o con dolo de parte de la Diputada Rubio. Lo que sí creo es que necesita tomar su lugar y empezar a poner orden. La mano dura y el conocimiento de la ley son indispensable en esos puestos de responsabilidad. Si no me cree pregúntele a la «Maistra». Eso creo yo.











