En los últimos días, en todo el país, pero particularmente en Sinaloa, han ocurrido hechos muy lamentables con el tema de la violencia contra las mujeres; el aislamiento producto de la pandemia, ha venido a exhibir este permanente problema que aqueja al sector femenino. Uno de ellos, el pasado dos de septiembre, con la aparición de dos mujeres adolescentes, a un costado del canal San Lorenzo, en las inmediaciones del ejido El Huizache, y a cuyos cuerpos les prendieron fuego.

En estos mismos días, también se dio a conocer la detención de un presunto violador en serie que tiene más de diez carpetas de investigación en su contra, y quién sabe cuántas víctimas más habrá por parte de este sujeto que no se hayan animado a denunciar por temor. Otro caso también muy grave, es el del presunto feminicida serial detenido a principios de este año, y del cual poco a poco hemos tenido información sobre sus crímenes contra mujeres, pues recientemente se le imputaron dos feminicidios más, a cuyas víctimas contactaba a través de las redes sociales.

En esta Legislatura nos hemos esforzado por impulsar reformas y adiciones, y nuevas leyes que les den mayor protección a las mujeres, en especial cuando se trata de cuidar su vida, su integridad y su libertad sexual, como recientemente lo fue la reforma a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para el Estado de Sinaloa, a fin de establecer el Protocolo Alba en el cual se establezcan los lineamientos para la búsqueda de niñas y mujeres desaparecidas; además de otras diversas reformas que impulsan la igualdad entre hombres y mujeres en el ejercicio de sus derechos.

Sin embargo, prácticamente se vuelve letra muerta todo el esfuerzo que realizamos cuando vemos y leemos este tipo de noticias, en donde las víctimas de la violencia más atroz, son las mujeres. Los distintos organismos internacionales recomiendan que cuando una serie de medidas no funcionan o lo hacen deficientemente, las estrategias y logística deben cambiar a acciones que permita atender y proteger a este sector de la familia y la sociedad, que es la piedra angular de las cuales dependemos todos, para que de adultos seamos gentes de bien.

Asimismo, esa indignación sigue latente, pues, desde el 6 de septiembre grupos de colectivos de mujeres tomaron una sede de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la Ciudad de México, y en la cual se quejan de la nula o ineficiente atención que han tenido las víctimas de delitos por parte de diversas autoridades del país.

Como Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de este Congreso, quiero hacer un llamado a los padres de familia para que cuiden a sus hijas, y evitar que se pongan en una situación de riesgo de la que después se den resultados lamentables; así como también un exhorto a todas las autoridades a que en materia de prevención redoblen esfuerzos, como las secretarías de Seguridad Pública, ISMUJERES, CEPAVI, SIPINNA, DIF, Secretaría de Educación, por mencionar algunas.

Por todo ello, me sumo al reclamo que miles de mujeres están haciendo en Sinaloa y en México para acabar con la violencia contra la mujer, y para ello tenemos claro que se necesita crear una nueva cultura en las relaciones que hoy existen entre hombres y mujeres, en la que se consoliden formas pacíficas de resolver nuestras diferencias, y aprendamos que ningún tipo de violencia es aceptable dentro del marco de una sana convivencia social.