Bien dicen que cuando se es padre nunca se vuelve a dormir tranquilo. Los riesgos o peligros que acechan a nuestros hijos están siempre presentes, y es nuestra responsabilidad y deber evitar que éstos puedan lastimarlos ¿Quién como padre, no fue presa de ese temor que nos hizo despertarnos instintivamente a media noche sólo para cerciorarnos de que nuestro bebé siguiera respirando en su cuna? Y así como en su nacimiento y en sus primeros pasos, los temores y angustias no cesan en cada etapa que vivimos durante el crecimiento de los hijos.

Cuando niños, los hijos son como imanes que atraen constantemente nuestras miradas para evitar que se caigan, se golpeen o se extravíen. Cuando la adolescencia les llega, las preocupaciones evolucionan y ahora nuestra atención se centra en su círculo de amistades, gustos y preferencias. Es aquí en esta etapa donde el noviazgo aparece y la presencia de los progenitores pasa para ellos a un segundo plano, de ahí que como nunca es muy importante mantenernos atentos a cualquier cambio de conducta o de hábitos que pueda ser señal de que algo anda mal.

Loa anterior viene al caso por el atroz e indignante crimen del que fue presa Kenya María, una joven de apenas 24 años y pasante de la carrera de odontología, quien con un futuro brillante tenía toda una vida por delante. Este tipo de feminicidios, donde el victimario es la pareja sentimental, nos lleva a redimensionar los riesgos que puede traer consigo el noviazgo en los jóvenes y las responsabilidades que a cada quien nos toca asumir.

La violencia en el noviazgo, cada vez más frecuente en estos tiempos, es un tema que no ha sido atendido en la magnitud que su gravedad lo amerita. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuatro de cada diez adolescentes en el mundo son víctimas de algún tipo de violencia en el noviazgo.

En el caso de nuestro país, en el 2007 el INEGI llevó a cabo la Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo (ENVIN). De esta consulta se conoció, en aquel entonces, que el 76% de los jóvenes adolescentes había manifestado haber sufrido algún tipo de abuso por parte de su pareja, ya sea psicológico, verbal y hasta físico. Desde esa fecha hasta hoy no se ha llevado un seguimiento o una nueva encuesta que nos permita conocer la realidad actual que guarda este problema social, máxime que las nuevas formas de conectividad tecnológica han dado paso a otro tipo de abusos como el ciberacoso, la violación a la intimidad y la difusión sin autorización de imágenes de carácter privado (sexting).

La etapa del noviazgo, debe en esencia ser para nuestros hijos un proceso de aprendizaje y una sana exploración de lo que representa relacionarse con otra persona por la que se suelen tener sentimientos afectivos. Desgraciadamente, la personalidad y la formación sociocultural en la que se desenvuelven muchos de los jóvenes hoy en día, convierten el noviazgo en una etapa de tensión y conflicto. Estas situaciones, que en muchos casos detona en actitudes violentas, suelen pasar poco a poco desapercibidas, ya que para muchos siguen siendo normales aquellos patrones machistas donde se cosifica a la mujer y se le imponen restricciones que van desde su manera de vestir hasta su manera comportarse.

En estos casos, las actitudes violentas suelen ser disfrazadas por el agresor como una muestra de amor e interés, lo que justifica una dependencia emocional que en cualquier momento puede explotar.

La violencia en el noviazgo es todo un tema que las instituciones públicas suelen sacar a flote cuando ocurre alguna tragedia como la que hoy nos tiene conmocionados. Luego vienen las medidas reactivas y surge una andanada de declaraciones públicas que no sirven de nada.

Las palabras expresadas hace días por la activista Priscila Salas, del Colectivo “No se metan con nuestras hijas”, resultan cada vez más que elocuentes, sobre todo ante la evidencia de lo poco que se está haciendo para evitar los funestos desenlaces que puede acarrear la violencia desde la etapa del noviazgo: “Tenemos una omisión y una falta de acción, una anuencia bastante grave por parte de los distintos niveles de Gobierno, no hay una política pública federal, estatal o municipal que incida de forma efectiva para atacar el feminicidio. Lo que hace falta es un programa de largo plazo, algo que nos ayude a cambiar los patrones culturales de violencia que vivimos, sobre todo los que se expresan contra nuestras niñas y mujeres”.

Ante este escenario y buscando revertir las situaciones de riesgo que prevalecen para las mujeres, existe un consenso generalizado y muy buenas expectativas en la propuesta hecha por el Gobernador electo, Dr. Rubén Rocha Moya, quien pretende darle prioridad a este tema al crear una Secretaría de la Mujer. Con esta iniciativa, la apuesta es unificar y direccionar con mayor eficacia los diversos esfuerzos que realizan las instituciones encargadas de atender la violencia de género e intrafamiliar, como son el caso del CEPAVIF, el ISMUJER y el Centro de Justicia para la Mujeres.