La decisión que se tomó en el pleno del Congreso del Estado de Sinaloa con respecto a los matrimonios entre personas del mismo sexo va más allá del resultado de la votación. Está teniendo un costo político que difícilmente me pude imaginar.

Al iniciar la votación me pareció muy desagradable que hubiera diputados, a favor y en contra, que manifestaran su sufragio con exagerada algarabía. Parecían fanáticos de algún deporte que apoyaban a su equipo y no representantes del pueblo que, sin importar en qué sentido fuera su voto, estaban negando su apoyo a una parte de la población, más grande o más pequeña pero igual de interesados y deseosos de ser escuchados y atendidos mediante un resultado a favor.

Al final de la votación nominal, esto es, diputado por diputado en voz alta, hubo festejos y lágrimas. Me parece que no debía de haberse celebrado por el mismo motivo. No es para festejar el resultado que provoca dolor a los demás, aunque sean de opinión adversa.

Pero lo que siguió eso sobrepasó algunos límites.

Recuerdo que durante los muchos años que gobernó el PRI, más los que lo hizo el PAN, uno de los señalamientos más recurrentes era que los legisladores votaban como “borregos”, sin análisis, sin importar los argumentos en contra, sin acudir a su conciencia. Pues ahora se acusa de lo mismo pero a los morenistas que no estuvieron a favor.

Aunque me dicen que no es así, no me convencen de que no es una contradicción el hablar de derechos humanos y pretender coartar la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión. Querer tener “borregos” que obedezcan la línea. Pues no, eso ya cambió, dice Andrés Manuel López Obrador.

Se acabaron los borregos porque ya no podrá MORENA, al menos en Sinaloa, criticar la votación en bloque, porque acusan como inaceptable, tanto líderes como militantes, que no haya sucedido eso el pasado martes 18 de junio.

Y lo que me llama poderosamente la atención es que los Diputados del PRI, PAN y PAS, que deberían de estar siendo cuestionados por quienes querían que se aprobaran las modificaciones correspondientes a la ley, ahora están viendo los toros desde la barrera y contemplando el espectáculo en que se ha convertido la división y pleito al interior de MORENA.

Al terminar la votación, entendiendo que era asunto concluido, quedaba la opción de manifestar respeto a la libertad de conciencia y pensamiento, aceptar que se vale disentir al interior de MORENA, y que se buscarían alternativas para revertir el resultado. Eso hubiera evitado la fractura que se presentó luego de las desafortunadas manifestaciones y amenazas de expulsión.

Tanto se alborotó la bitachera que la inconformidad se convirtió en acoso y el acoso en agresión e insultos hacia los 6 morenistas no alineados.

No creo que vaya a haber expulsiones y no habrá juicios, pero habrá que poner orden y eso necesariamente significará cambios. Eso creo yo.