“La fe en la razón quiere decir confianza en la discusión, en los buenos argumentos, en la inteligencia que dirime las cuestiones oscuras, en contra de la pasión que las hace incluso más turbias y en contra de la violencia que elimina desde el inicio la posibilidad del diálogo.”

Norberto Bobbio

Este no es un llamado a las buenas costumbres ni a la ética.

Esta es una advertencia pragmática. Te conviene que los políticos produzcan buenas decisiones.

Cuando en la política se insulta, no hay análisis de los problemas y si no hay razonamiento no hay acciones de calidad sino arrebatos e improvisaciones.

Cuando en la política se insulta, se cancela la colaboración entre las partes. A ese insulto le seguirá la confrontación y no la cooperación.

Quizá sientas que te desahogas cuando tú u otra persona insultan públicamente, frente a muchos, a un político. Esa catarsis no te garantiza que se aplicará la ley al agredido, para eso sería mejor que expusieras los hechos que te llevan a pensar que es un delincuente. No vas a convencer a nadie con solo gritarle la acusación envuelta en una grosería.

Quizás te parezca divertido que se insulte o tú lo hagas. La gracia se pierde cuando del otro lado también lanzan “buenos memes”. El nivel baja cuando el coraje inhibe el ingenio y el insulto viene más furioso, vulgar y sórdido. Frecuentemente siguen las amenazas, en ocasiones, los golpes y ya, en México, contamos las muertes.

Quienes ven desde fuera el intercambio de pedradas no se ven dispuestos a sumarse sino a apartarse. Las causas se estancan en un grupo reducido y se desprestigian.

Los ciudadanos se van alejando de la política.

La mejor coartada para el indebido y perjudicial, para todos, alejamiento ciudadano de los partidos y los políticos es que se monta un circo de insultos y agresiones y no un intercambio de razonamientos.

Una de las características de los países con mayores niveles de bienestar y aplicación de la justicia es que sus actores políticos valoran la consecución de acuerdos y compromisos entre las partes.

No ceden ni abandonan sus causas, simplemente se esfuerzan en argumentarlas y no acompañar sus razones con violencia.

Una de las prácticas que se contraponen a la democracia es el monólogo, ahí se encuentra la base de la intolerancia.

El diálogo es fundamental para la democracia; hace posible la comunicación, el conocimiento y los acuerdos entre actores políticos.

El diálogo es, consecuentemente, un medio para procesar la inevitable  pluralidad política y una manera de producir decisiones políticas de calidad y respaldadas suficientemente como para poder ser llevadas a cabo.

A todos nos importa que nuestra sociedad se consolide como espacio en el que pueden confrontarse legal y pacíficamente los diversos proyectos políticos. El diálogo es un recurso de gran valía para evitar que las tensiones que genera la diversidad tengan como resultado la exclusión, la fragmentación y la violencia.

Una cultura política es democrática cuando las relaciones entre gobernantes y gobernados, ciudadanos, organizaciones y Estado se sustentan en valores como la igualdad política, la libertad, la tolerancia, el pluralismo, la legalidad, la participación y, por supuesto, el diálogo. Fortalecer la cultura política democrática implica, entre otras tareas, consolidar el ejercicio del diálogo como forma de hacer política. (1)

De la historia de las instituciones políticas es posible extraer una gran cantidad de experiencias en las que una convivencia respetuosa entre consenso y disenso ha contribuido a fortalecer las libertades y el pluralismo y, por esa vía, los procesos de democratización (2)

El espectáculo de los insultos ocupa el espacio público y deja afuera a las ideas y las razones; desencadena más agresiones, ofensas, amenazas y, hasta, delitos; confronta a quienes deberían de colaborar; no convence a nadie nuevo y aleja a la gente.

Con ofensas no se hacen buenas políticas públicas para tu bienestar y el de tu familia.

  • Laura Baca. Diálogo y Democracia
  • Laura Baca. Diálogo y Democracia