Cuando escucho al Presidente Andrés Manuel López Obrador, a los Secretarios de Estado, Senadores, Diputados Federales, Diputados Locales, Presidentes Municipales y Regidores de MORENA, así como a quienes se consideran líderes partidistas (no por menospreciarlos pero no veo la organización por ningún lado), sus palabras me suenan lejanas de la realidad.

 

No quiero llegar a ninguna conclusión apresurada ni pensar mal. Me parece que el deseo es bueno y hasta están convencidos de que el país va bien, que la economía está mejorando y se están atacando y disminuyendo los males del gobierno mexicano.

Me parece que creyeron e hicieron creer que harían magia como la que prometió Fox con el caso del Ejército Zapatista, problema que resolvería en cuestión de minutos, según él.

Aun cuando, como dijo la Diputada Francisca Abelló, podríamos hacer una lista de las cosas buenas que se han hecho en estos 7 meses, los intentos fallidos y los errores causados por la falta de planeación, desconocimiento, mala asesoría, o por seguir ocurrencias, llaman más la atención porque la esperanza llevó al pueblo a creer en el milagro político del “nuevo régimen”.

Una de las acciones que me parece desatinada es hacer un informe para celebrar la victoria del 1 de julio. Al meditarlo me asalta la idea de si ya no se hará el informe anual o ahora tendremos uno cada seis meses, en julio y en diciembre. Ninguna de las 2 situaciones me sorprendería.

Tampoco me satisface que haya que imitar al Presidente López Obrador y si él hizo informe del triunfo pues los demás también.

Me parece que ha llegado el momento de dejar de creer que Andrés Manuel es infalible y su palabra la verdad pura. Los representantes populares han estado a expensas de qué se dice en Palacio Nacional y el rumbo que AMLO le dé a cada situación; esto ha causado mucha confusión y controversia ya que cada quien oye lo que quiere y lo entiende como quiere.

Si en instituciones como el Congreso del Estado de Sinaloa se hiciera política sin tratar de adivinar qué pensaría el Presidente, o como algunos acusan el Delegado o el Senador, tal vez ya se hubieran puesto de acuerdo y no estuvieran tan divididos o cuando menos no se vieran así.

Si a los Presidentes Municipales, y al resto de los funcionarios, no los juzgaran sus correligionarios por qué tan cerca o tan lejos está su actuar de lo que significa seguir a Andrés Manuel, probablemente no manifestaran estar tan decepcionados de su actuar ya que al fin de cuentas, por la ola o sin ella, el cargo es de quien lo ostenta de acuerdo con la ley. Eso creo yo.