Pues ya falta menos para que se terminen las campañas, y desafortunadamente con ello también se disipa la enorme oportunidad que teníamos de ver un cambio en la forma de hacer política, con más seriedad y mejores propuestas. Y es que la mayoría de los candidatos han resultados ser más de los mismo, con discursos reciclados, arengas plagadas de promesas al aire y una guerra sucia sin cuartel.

Por un lado, vemos a algunos candidatos con amplia trayectoria y experiencia que han seguido su librito, y la verdad no los podemos culpar, pues con esas desgastadas estrategias de promoción electoral han logrado mantenerse en el tablero político por muchos años, y ahora de nueva cuenta, pretenden ilusamente de la misma forma enganchar también a un electorado joven, apático e indescifrable.

No hay que perder de vista que un alto porcentaje de los indecisos son precisamente jóvenes, muchos de ellos que incluso votarán por primera vez, de ahí que finalmente y si se lo proponen, podrían representar ese fiel de la balanza al que muchos le apuestan para salir victoriosos.

En el otro extremo, están esos candidatos y candidatas que apenas se inician o llevan poco recorrido en las lides políticas, y quienes al parecer han confundido creatividad con trivialidad, ya que algunos de ellos han recurrido casi exclusivamente a las redes sociales para promocionarse, pero con tan mal tino que en vez de lograr conectar con los electores, sobre todo con ese segmento juvenil que vive pegado a una pantalla o monitor, lo único que han conseguido hasta el momento es despertar el escarnio y la pena ajena.

Es una lástima realmente que esto esté pasando, porque lo que queríamos (y seguimos queriendo) ver, es una nueva clase política diferente, con más visión y mejores planteamientos, una que no se vuelva también puro rollo y que sea capaz de ofrecernos soluciones objetivas, factibles y medibles.

Pero como esto último no se ha cumplido, por lo menos no en la magnitud que deseamos, cada vez es más evidente el desánimo y la apatía de una sociedad que parece contemplar con incredulidad las acciones de quienes, carentes de capacidad y propuestas, recurren a todo tipo de gracejadas o payasadas.

Algunas de ellas, han llegan incluso a ser tan extremas como las de aquel candidato en Ciudad Juárez que optó por trasladarse a un evento en un ataúd, o qué tal ese aspirante a la alcaldía de Guadalajara que ironiza la ola de violencia en esa ciudad, poniendo a bailar a sus colaboradores en pleno crucero y vistiendo tutú. Pero bueno, ejemplos como estos hay varios, lo lamentable es que esto se esté está volviendo ya toda una tendencia.

Otra de las causas que impulsan el abstencionismo, es la escasa o nula pertinencia que poseen las propuestas que nos exponen los candidatos, y por increíble que parezca, la causa de ello radica muchas veces en el hecho de que algunos de estos “políticos” ni siquiera conocen cuáles son las funciones y potestades del cargo al que aspiran.

Es así que escuchamos a candidatos a diputados prometiendo lo que le corresponde hacer más bien a un alcalde, y a otros que buscan precisamente reelegirse en una alcaldía, pero que se la han llevado toda la campaña hablando de reformas legislativas. Toda esta confusión y trivialización en que han caído las campañas, representan para los ciudadanos todo un reto, el cual nos obliga a ser muchos más selectivos y realizar un esfuerzo extra para poder ubicar las mejores opciones dentro de la abundante (cuantitativamente hablando por supuesto) oferta electoral. Recordemos que todos prometen un cambio, pero como ya lo hemos visto y padecido, hay cambios que nos hacen ir en reversa.

Por todo lo anterior, cada vez cobra más fuerza la idea de que encontrar esas mejores opciones no es cuestión de partidos sino de personas, donde más allá de las siglas que arropan a los candidatos, lo más adecuado es orientar nuestra intención de voto de acuerdo a lo que cada uno de ellos o ellas representan.

Cuáles son sus propuestas, sus antecedentes, y algo muy importante en estos momentos: su visión, es decir, si le apuestan a seguirle por donde vamos (subordinados a un errático proyecto de nación), o si plantean virar hacia un verdadero cambio, uno que también busque el bienestar, pero para todos, sin dividirnos ni confrontarnos.

Creo que ese es el camino y esa también la idea que trae ya muy presente la ciudadanía. Una muestra de ello pudiera inferirse de la reciente medición sobre la intención del voto que fue presentada por esta casa editorial El Debate, la cual nos demuestra que el partido Morena, como marca, sigue siendo muy rentable, pero esto no deja de ser una percepción un tanto volátil, ya que mucho dependerá del candidato si dicha preferencia se mantiene o modifica para el próximo 6 de junio.

LA SOBERBIA COMO SEÑAL DE UNA DERROTA ANTICIPADA. – La reelección que se permite ya en algunas posiciones políticas, es indudablemente una excelente oportunidad que tenemos los ciudadanos para bajar a ciertos políticos de ese peldaño de soberbia y autoengaño en que se encuentran.

En estos momentos, es curioso observar las similitudes en el discurso que manejan dos alcaldes con licencia que buscan su reelección por dos de las principales alcaldías de nuestro Estado.

En ambos personajes se hace patente su arrogancia cuando dicen ser muy populares ¡y hasta amados! por los habitantes de sus respectivos municipios. ¿Acaso pensarán en serio que la gente no tiene presente las ocurrencias, desplantes y actitudes misóginas con las que se condujeron desde que asumieron el cargo?

Lo único claro es que esa soberbia es más bien el reflejo de su fracaso, porque sí, en efecto, dado que la gente los conoce, es precisamente por lo que sería toda una incongruencia volver a votar por ellos. Habrá municipios en que la reelección pueda darse como una forma de reconocimiento y aceptación, pero por lo menos en Culiacán y Mazatlán, lo que estamos viendo es que sus ciudadanos aprovecharán esa intención de reelegirse para manifestar su inconformidad. Ya veremos.