De 2008 a 2018, la pobreza en Sinaloa pasó de 32.4% a 30.9% mientras que a nivel nacional aminoró de 44.4% a 41.9%. La pobreza extrema descendió de 4.6% a 2.7% al mismo tiempo que en todo México se redujo de 11% a 7.4%.

 

El problema más grande sigue siendo la falta de seguridad social, que consiste en tener un sistema de pensión y seguro ante incapacidad. El 45.4% de los sinaloenses carecen de este derecho, en 2008 era el 58.8%.

La solución depende del orden federal. No ha funcionado que este derecho se dé a cambio de contribución patronal y salarial porque eso deja de lado a campesinos y trabajadores informales, entre otros.

La seguridad social debe ser un derecho universal financiado por un impuesto especial. Este sería un cambio de fondo de la política social que beneficiaría a 71 millones de mexicanos que hoy padecen esta carencia, un millón 400 mil de ellos son sinaloenses.

El segundo problema mayor es el ingreso. En estos diez años, incluso ha aumentado el porcentaje quienes ganan menos que la línea de la pobreza. De 35.9% a 37.4%.

La política salarial también es una facultad del gobierno federal así como la política de fomento a la inversión y es un hecho que los programas de transferencias económicas son una posibilidad solo real para ese mismo orden.

No debe suceder que alguien que trabaje sea pobre.

La vivienda mejoró. La carencia disminuyó de 14.2% a 8.5%.

Un acuerdo con los empresarios del ramo podría dinamizar el crédito y otro con las universidades podría brindar la asesoría técnica adecuada a la autoconstrucción para que el sector mejoramiento habitacional pueda multiplicar su ritmo de trabajo.

El rezago educativo se redujo, de 21.2% a 16.5% derivado de que se incrementó la asistencia escolar de quienes tienen entre 3 y 15 años de 91% a 94%. Hay pendientes en la poca inscripción de niños de 3 años al preescolar y que las personas mayores de 38 años terminen la primaria.

La carencia por acceso a los servicios de salud bajó, de 29.2 % a 13.2%. Es el rubro con mas éxito. 400 mil nuevos afiliados al seguro popular y 500 mil nuevos afiliados al IMSS se dieron en ese lapso.

La carencia por acceso a los servicios básicos en la vivienda se aminoró de 18.6% a 14.9%. La población en viviendas sin acceso al agua fué de 7.3% a 4.5%; la sin acceso a saneamiento de 13.1% a 7.3%; la sin electricidad de 1.0% a 0.5% pero la que usa leña sin tener salida para el humo se incrementó de 8.8% a 9.1%.

Estos datos dan evidencia de que de han implementado programas que efectivamente han permitido que miles de sinaloenses no vivan en situación de pobreza. Deben mejorarse las acciones pero no destruirlo todo.

La carencia por acceso a la alimentación se intensificó de 22.7% a 24.5%. Es necesario aprovechar la ventaja que da el volumen de compra de las personas en situación de pobreza para organizar compras en común y con ello obtener mejores precios, así como abatir monopolios y disminuir las mermas y pérdidas.

Esta visión del periodo de diez años no es la única, porque también es interesante ver la evolución de los indicadores entre los diferentes lapsos. Sin embargo arroja luz fincado en datos duros sobre qué se debe hacer y quién lo debe hacer.

Una primera gran lección es que el crecimiento económico es un elemento importante para abatir la pobreza. El ingreso y las prestaciones sociales dependen de él.

Una segunda lección es que se han implementado programas sociales que han tenido buenos resultados. Antes que cambiarlos habría que hacer una valoración de sus componentes y conservar lo que ha funcionado.