“El 6 de abril de 2012, para conmemorar el 20° aniversario del comienzo del sitio de Sarajevo por parte de las fuerzas serbobosnias, se dispusieron 11.541 sillas rojas en fila a lo largo de los 800 metros de la calle principal de Sarajevo. Una silla vacía por cada sarajevés muerto durante los 1.425 días de asedio. Seiscientas cuarenta y tres sillitas representaban a los niños muertos por los francotiradores y la artillería pesada”

 

Al desintegrarse Yugoslavia en 1991, el pueblo serbio entró en un brutal crecimiento de la incertidumbre y, por lo mismo, se llenaron de miedo.

Los líderes nacionalistas serbobosnios vendieron el proyecto político de que todos los serbios —diseminados por las distintas repúblicas que componían Yugoslavia— vivieran en un mismo país.

Cuando los seres humanos tienen miedo, tienden a agruparse, y eso lo hacen excluyendo al otro. Al miedo le sigue la ira, dice Nussbaum.

Ahí en la ex Yugoeslavia también vivían los Bosnios. Los líderes Serbios se propusieron expulsarlos ó asesinarlos.

La guerra duró poco más de tres años y causó cerca de 100 000 víctimas y 1.8 millones de desplazados, el 65 % fueron bosnios musulmanes y el 25 % serbios.

Edna O’Brien nació en Irlanda en 1930, es la decana y la señora de las letras irlandesas, su país es el material básico con el que ha construido sus obras literarias.

En “Las sillitas rojas” esta escritora construye una ficción donde se cruzan la esfera de la guerra serbio bosnia con el mundo de los pequeños poblados irlandeses.

La anécdota permite abordar muchos temas más, los aspectos que explotan en la vida cotidiana cuando aparece el personaje central de la novela y, quizás, de la vida: el mal.

La reseña en El País dice: “esta novela habla de: una mujer que se llama Fidelma, la barbarie de la guerra serbo-bosnia, flores que agarran mal en suelo ajeno, fantasmas, la lírica de las lenguas extranjeras que no se dominan, protección, galgos, ansia de maternidad, Irlanda, adulterio, la llegada del monstruo a una comunidad tranquila, cosas que no son lo que parecen, la violencia bestial y la vegetativa, víctimas y victimarios, niños que buscan madre y niños muertos que dejan hueco en las sillitas rojas…”

La novela se lee fácil. No es de suspenso ni de intriga sino de sentimiento. Hace sentir al lector.

Va explicando las razones de los personajes y así te comparte su alegría y su sufrimiento.

Entre los escritores, Edna O’Brien tiene grandes admiradores, desde Philipe Roth hasta la Nobel Alice Munro y John Banville.

Su novela “Las chicas del campo” escandalizó a su país, tanto que el párroco de su aldea quemó tres ejemplares en la plaza pública.

O’Brien se enfrentó a una persecución, se le señaló como enemiga de Irlanda.

La escritora ha declarado: “En Irlanda había una censura terrible, todo era malo. Los católicos irlandeses han sido tremendos. Peores que los italianos, españoles o portugueses. El catolicismo lo impregnaba todo, y lo censuraba todo”.

Las sillitas rojas. Edna O’Brien. Traducción de Regina López Muñoz. Errata Naturae. Madrid, 2016. 352 páginas