Reabrir negocios no significa recuperar la economía. No es suficiente con levantar la cortina.

Los consumidores no se comportan igual que antes, la demanda no es la misma. Compran menos, ahorran más, cambiaron de prioridades, evitan riesgos y tienen menos dinero, se estima que bajará 10% el consumo en México.

Los empresas tampoco se comportan igual, la oferta tampoco es la misma. La forma de producir y vender acelera su cambio hacia más digitalización, más inteligencia artificial, menos empleos y menos proveedores lejanos.

Los más fuertes resistieron y ocuparán mercados. En cambio, muchos no pueden reiniciar, hay millones desempleados y miles de empresas quebradas.

Existe un panorama de mayor desigualdad y de competencia desequilibrada.

Un millón de empleos formales menos y diez mil empresas formales cerradas reporta el IMSS.

El INEGI indica que hay 311 mil empleadores del sector formal en suspensión temporal sin recibir ingresos y 313 mil informales. En el primer caso el 81 por ciento son microempresas, y 98 por ciento en el segundo. El mismo instituto estima que alrededor de 20 mil empresas formales e informales han cerrado sus operaciones.

La revista “Fortune” entrevistó a los directores generales de las 500 empresas más grandes de USA. La mitad de los entrevistados (52%) piensa que la economía retomará niveles iguales a los que tenía antes del inicio de la pandemia, hasta el primer cuarto del 2022. Cuestionados sobre cuándo esperan que al menos el 90 por ciento de su fuerza laboral regrese a trabajar, su respuesta es escalofriante, la cuarta parte de ellos (26%) considera que NUNCA regresará.

De la misma forma, asientan que la forma en cómo trabajábamos NO volverá a ser igual. Creen que se acelerarán las transformaciones tecnológicas que ayudan a disminuir costos.

Viajes de negocios, empleos fijos, renta de oficinas y locales, y vehículo propio son conceptos en proceso de desuso.

La prospectiva política señala que el nacionalismo se fortalecerá disminuyendo las cadenas globales de producción, que la ciudadanía incrementará la exigencia a los gobiernos y aumentará su confianza en la Iniciativa Privada. Al mismo tiempo crecerá la preocupación general por la pobreza, la salud, la educación, la vivienda y  sin duda, por el medio ambiente.

La inversión, el capital, también se comporta diferente.

Con los datos de oferta y demanda agregada publicados por el INEGI, en el primer trimestre de este año, la inversión total en México representó 19.6% del PIB, el porcentaje más bajo observado de los últimos 17 años.

Un país con el nivel de desarrollo económico como el de México debería tener una inversión alrededor del 25% del PIB, indica la economista Valeria Moy.

Cuando el presidente López Obrador empezó su gestión, la inversión total representaba 21.7% del PIB. De ese porcentaje, 18.3% correspondía a inversión privada y 3.4% a pública. Los datos muestran que la inversión privada se ha contraído a 17.1% del PIB y la pública a 2.5%.

La formación bruta de capital fijo no ha hecho más que disminuir consistentemente desde el primer trimestre de 2019. En los primeros tres meses de este año disminuyó 9.5%. Va en caída libre.

La solución empieza porque reconozcamos que no podemos regresar a hacer lo mismo porque ya el mundo no es igual.

La inercia, hacer lo mismo de siempre, nos lleva a la depresión económica.

De acuerdo con el FMI, la economía mundial caerá este año en 4.9%. Las economías avanzadas retrocederán en promedio 8%, mientras que las economías emergentes descenderán en 3% en promedio.México bajará este año en 10.5% y será la que más descienda entre las grandes economías de América Latina

Las empresas deben producir y vender mejor y diferente para ser eficaces.

Los trabajadores deben adquirir nuevas capacidades y actitudes para ser eficientes

Los gobiernos deben hacer nuevas políticas públicas para promover la economía y abatir la nueva pobreza.

La sociedad debe construir un nuevo pacto social que posibilite la colaboración.

Debe haber una hoja de ruta que le indique a cada uno lo que debe hacer, debe haber una partitura que armonice la intervención de todos los actores y debe haber una gran visión común que una, planifique, anime, de herramientas, supervise, corrija y ejecute.

A esa gran visión, personificada, suele llamársele, ESTADISTA.