El título de esta columna tiene que ver con un juego de cuando era niño. A ese juego lo llamábamos “el bote”.

Esta distracción infantil incluía una lata que tirábamos y el que “se la quedaba” o “la traía” tenía que recogerlo, colocarlo en un lugar llamado “la base” y empezar a buscar a los que aprovechábamos ese tiempo para escondernos.

Al hallar a alguno de los escondidos tenía que correr más rápido que el descubierto, tomar el bote y decir “1, 2 3 por…” y el nombre del encontrado. Si se equivocaba al decir el nombre por cualquier razón, ya sea que no estuviera seguro de a quién había visto o confundiera a los “plebes”, todos salíamos gritando ¡¡¡Equivocación, equivocación!!!

Les aseguro que eso me dieron ganas de gritar el jueves 06 de junio pasado en el Congreso del Estado de Sinaloa, al votarse en contra, aunque muy apretado 21-18, la propuesta de punto de acuerdo para solicitar se incluya a los pasantes de medicina en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro del Gobierno Federal, presentada por la Diputada Karla Montero.

Y si bien es cierto que, como aclarara mi compa Gabriel Campos, es un asunto del Gobierno de la República; también lo son las tarifas de la CFE, los maestros del SNTE 27, los medicamentos y servicio del IMSS, y otros temas que han pasado por el Congreso y se han aprobado exhortos y punto de acuerdo de obvia y urgente resolución.

En el caso de los pasantes de medicina no se estaba haciendo un compromiso que obligara, como nunca sucede con los exhortos y puntos de acuerdo, al Gobierno Federal a becar a los jóvenes que tienen jornadas esclavizantes en los distintos hospitales y centros de atención médica de nuestro estado.

Y muy independientemente de si había o no información oficial, de lo que se trataba era de demostrar verdadero interés por un sector explotado en aras de la “formación médica”, maltratado, desatendido, ninguneado y aparte empobrecido ya que sus horarios de servicio les hace imposible buscar un trabajo que les permita solventar sus gastos.

Y tiene que quedar claro que no se hablaba ni se habla de los residentes de especialidad que sí reciben un sueldo. Se trata de quienes ya terminaron sus años de estudio pero tienen que cumplir con un periodo de entrenamiento exigido para obtener su título y entonces puedan ejercer su carrera y buscarse el sustento mediante ella.

Me queda claro que el votar a favor no generaba un dictamen vinculante para quienes son responsables del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, sólo demostraba que, como lo han declarado en muchas ocasiones, e incluso demostrado en otras, la 4ta. Transformación se trata de servir al pueblo y que las decisiones se toman para beneficiar a la ciudadanía y por ninguna otra razón.

Tres cosas sucedieron después de que trasmití en vivo la votación a esta propuesta y, al no poderlo creer, manifesté mi desacuerdo, algo que nunca hago al informar, mi opinión la reservo para esta columna.  

Por un lado me reclamaron que fuera neutral. Acepto que debo serlo pero no soy de palo y me ganó la molestia.

Por otra parte me mostraron evidencia de que se había pedido que los pasantes de medicina acudieran al salón de sesiones para “presionar”. No encuentro las palabras que expliquen lo suficientemente claro que además de no ser nada reprobable, es una práctica común y “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.

La tercera y última, y que espero que termine siendo así, es que después de la sesión, estando en la oficina de uno de los Diputados, entró una llamada en la que se confirmaba que los pasantes de medicina serían integrados al programa de apoyo federal.

De haberse resuelto y concretarse que estos jóvenes que nos atienden en los consultorios de las instituciones de la que somos derechohabientes tengan la ayuda para “construir su futuro”, será algo que tendremos que agradecer al Delegado Jaime Montes; reconocer la buena voluntad de la Diputada Karla Montero, de los Grupos Parlamentarios del PRI, del PAN, del PT, menos el Presidente de la Mesa Directiva, a los Diputados Chenel Valenzuela, Angélica Díaz y a los pocos morenistas que se atrevieron a votar a favor.

Y por supuesto, recordarle al Grupo Parlamentario de MORENA que ser legislador no es un juego, que no se vale tomar a chiste si el “casi doctor” que me atendió ayer en el IMSS saldrá de su turno hoy después de la jornada de 36 horas y no estará seguro de poder pagar la renta, de tener qué comer o cualquier cosa peor.

Esos errores tienen un costo. Ese tipo de equivocaciones se notan y el que los comete “se la queda”. Eso creo yo.