Lo que ocurrió el día de ayer Culiacán es sin duda lamentable. Al final del día ganó el miedo; como sociedad descubrimos nuestra enorme vulnerabilidad. Ahora, habrá que parar la violencia sin pretender que ciudadanos honestos y responsables sufran las consecuencias. Debemos como sociedad fortalecer nuestra cultura cívica, habrá que hacer lo que nunca se hizo y demostrar nuestra indignación e intolerancia frente a toda forma de conducta ilegal.

 

La narco cultura no es resultado de una elección, sino de una imposición que el poder político aceptó gustoso cuando se trató de hacer negocios y proporcionar drogas al ejército de Estados Unidos. Lo que siguió, es el resultado de una cultura empresarial que no promueve más valores que la ganancia rápida, sin importar la mercancía que se coloca en el mercado.

No podemos quedarnos callados ni esperar que se detenga en un día lo que, ante nuestros ojos, sin nuestra colaboración pero frente a nuestra pasividad, se ha construido durante décadas. Exijamos al gobierno. Claro que sí, pero reconozcamos que hay una parte que nos corresponde en la tarea de reconstruir a una sociedad en descomposición que, al parecer, ha tocado fondo.

Lo ocurrido el pasado jueves 17 del presente mea, sucedió en una ciudad de este país, que es de todos. Nos afecta a todos, como nos afecta la violencia de todos los días, aunque de pronto sintamos que solo lo que ocurre frente a nuestra casa es real. La violencia es nuestra realidad cotidiana en el país; no es un privilegio ni una parte del folclor de un estado o una ciudad; claro que debemos estar enojados, pero eso, sólo, no basta. Muchos en Sinaloa trabajan duro, arriesgan su trabajo y su vida y algunos la pierden, denunciando y exhibiendo a los que protegen a los delincuentes. Hasta ahora, eso tampoco ha sido suficiente.

En cada casa, en cada familia, en cada escuela y salón de clases, en cada centro de trabajo, en cada iglesia, en cada sindicato, etc. debemos hablar y discutir, hasta que de nuestra indignación surja una propuesta efectiva para cuidar a nuestros niños y jóvenes, inculcado o reforzando valores olvidados; para no comprar ningún producto ni hacer tratos con empresas que blanqueen dinero del narco, algunas bien conocidas; para no apoyar ni votar por políticos sospechosos de relaciones con delincuentes; para excluir de nuestras relaciones personales a delincuentes, para cancelar cuentas de banco y tarjetas de crédito de bancos que mueven dinero sucio; para exigir a la autoridad tanto estatal, como federal, que haga su labor, pero también de esa manera mostraremos voluntad de colaboración.

Lo que sigue es un trabajo en equipo, claro que el gobierno tiene responsabilidad, pero también nosotros debemos hacer nuestra parte como sociedad. Gobierno y ciudadanos debemos actuar de inmediato y corregir lo que, en nuestra ciudad y en el país, hemos hecho mal. Estoy segura que sí podemos.

Habrá consecuencias de la decisión que se tomó el día de ayer para preservar la seguridad de los sinaloenses, claro que las habrá. Se pagará un gran costo político y ya empieza a operar el control de daños. La insistencia en la necesidad de protección y seguridad para los ciudadanos y sus familias es y será PRIORITARIA. Reitero, la violencia en nuestra región es un tema que requiere más tiempo, una estrategia fuerte y un esfuerzo colectivo.