Cuando hay un evento como el debate entre los candidatos a gobernador de Sinaloa, aunque la gran mayoría están desesperados por ser el primero en emitir un juicio o dar su opinión, para mí lo mejor es esperar a que se calmen las aguas, ver las consecuencias y revisar los distintos puntos de vista.

Al llegar al día 20 de la etapa de campaña en el proceso 2020-2021, el Instituto Electoral del Estado de Sinaloa (IEES), ha llevado a cabo siete debates entre los candidatos que buscan ser diputados de seis distritos locales, además de un encuentro entre los candidatos a ser el próximo gobernador de Sinaloa.

Han sido varias las estrategias que hemos notado que dichos candidatos llevaban, según ellos, bien practicadas.

Básicamente se han visto cuatro tipos de tácticas, con sus respectivas formas alternas. El que solo presenta propuestas, que termina siendo el aburrido al que nadie pela. El peleonero que busca sacar de sus casillas a aquel que considera es el enemigo a vencer. El receptivo que acepta la crítica y responde al mismo tiempo que hacer ver su visión y propuesta sobre los diversos temas. El sarcástico que busca caer bien y casi siempre termina siendo lo contrario.

En el caso de la gubernatura, claro está que al ser ocho los candidatos, las combinaciones se han dado en todos los sentidos. Sin embargo, pocos resistieron la tentación de aludir a la propuesta con la marca más fuerte, según las encuestas.

Le recuerdo que los debates son ejercicios que nos permiten contrastar ideas, pero también conocer el carácter y la actitud de quienes buscan nuestra preferencia para el 6 de junio, y que la encuesta que vale es la del día de la elección.

Gloria González Burboa pasó desapercibida. La candidata del PT no mostró facilidad de palabra, ni siquiera ganas de estar en el evento.

Tomás Saucedo Carreño se vio como el acompañante del proceso que desde un principio hemos considerado que es. No lució, no molestó, pero estuvo allí.

Ricardo Arnulfo Mendoza, al mismo tiempo que presentó sus propuestas, aprovechó para dejar ir algunos golpes que no fueron contestados. No fue burdo, pero sí incisivo. Junto a Rosa Elena Millán, creo que son los que salieron mejor librados, no que hayan pasado en blanco, sino que mostraron buen nivel, capacidad, propuesta, dando jabs directos al rostro, pero manteniendo la altura. Particularmente Rosa Elena mostró que tiene categoría para gobernar.

Sergio Torres Félix dejó lucir su experiencia. Es un candidato que sabe cómo moverse en estos escenarios, incluso fue nombrado por el Senador Rocha Moya como el mejor posicionado, después de él; y el único con el que aceptaría un debate uno a uno.

El Senador con licencia, Rubén Rocha Moya, recibió de sal, de dulce y de manteca. Indudablemente es el enemigo a vencer y lo que buscaron, los que buscaron algo, fue demeritar su figura tratando de tomar para sí alguno de los puntos que, dicen los encuestadores, lo tienen a la cabeza en las preferencias. No se enganchó, no contestó, no cayó en provocaciones, y eso fue lo que más molestó a sus adversarios, que no iban preparados para ser ignorados, solo estaban listos para el enfrentamiento que Rocha Moya no les permitió.

El otro Senador, Mario Zamora Gastélum, cayó en la desesperación al no encontrar rival. No le dijeron que el primer gran reto era calentarle la cabeza a Rocha, y que no sería “un hueso fácil de roer”. No le enseñaron a hacer “sombra” y reaccionar en base al pleito en soledad. No solo hizo berrinche, se tiró al suelo y se puso a golpear el piso.

Rubén Rocha Moya llegó con lo más importante que hay que llevar a un debate, la cabeza fría. Zamora Gastelum no se la pudo calentar a Rubén y después ya no supo cómo enfriar la propia.

Rocha Moya, a pesar del discurso gastado, por estar en uso todos los días en la mañanera, al grado del cansancio; se vio firme, seguro, y listo para lo que sigue.

La que de plano llegó con la cabeza caliente, hirviendo, fue Yolanda Yadira Cabrera, candidata de RSP. Todo parecía transcurrir de manera normal hasta que aludió a quienes ni siquiera estaban presentes y, por lo tanto, no podían defenderse. Además, en su intervención se notó que hay ira, gran molestia y rencor. Condiciones en las que no se puede asumir, o pretender asumir, una posición tan importante como el Gobierno de Sinaloa.

Los políticos tienen que aprender a convivir con los demás políticos, algunos poco simpáticos o poco agradables, pero, en un mundo que da tantas vueltas, no se sabe en qué posición se estará en tres años. No solo mostró falta de temple, también echó por la borda una carrera que iba iniciando a un buen nivel.

En cuanto a las acusaciones solo le comento lo siguiente. Cuando se afirma tener pruebas contundentes, lo que procede es hacer una denuncia formal ante las autoridades competentes. Cuando se afirma tener pruebas contundentes y no se presenta denuncia formal, las acusaciones son falsas o se es cómplice. Eso creo yo.