Definitivamente maestro, no se cumplieron las predicciones del Gobierno Federal, pero no solo eso, la famosa curva que se suponía estaría plana en mayo y bajaría para junio, sigue subiendo. Me refiero a la curva de casos de Don Coronavirus, que de ser un “bicho” despreciado, se ha convertido en el mandamás, que decide qué, quién, cómo y cuándo.

Por supuesto que es insostenible que la culpa es de Andrés Manuel, el problema es el manejo que le da a la información. Desde un inicio parecía dejar claro que su guía eran los científicos, los especialistas, los técnicos de la salud. Pero cuando esos que sí conocen empezaron a ser menos optimistas, como que ya no le cuadró tanto y decidió seguirlos menos y agarrar pa´ su rumbo, como siempre lo ha hecho.

Tratar de comprender la visión del Presidente no es “enchílame otra”. Con mi nulo acceso al curso de traducción AMLO-Español trataré de escribir lo poco que entiendo.

Lo que es indispensable advertir, antes que nada, es que si él o sus allegados lo hacen (me refiero a los que están cerca de él en el ejercicio de sus funciones, no de los autonombrados “amigos del Presidente”), es correcto, bien intencionado, bien hecho, sin malicia, sin intereses mezquinos, libre de toda corrupción o ganancias mal habidas. Es limpio y puro. Por ejemplo: si se asigna una compra a una empresa, sin licitación, no hay nada oscuro detrás de la acción, nada que esconder, no son iguales a los anteriores, se concede a quien lo merece y quien hará la mejor obra en las mejores condiciones.

Otro ejemplo para ponernos en sintonía. Los órganos defensores de las diversas garantías individuales se crearon por la corrupción y el mal manejo de los gobiernos neoliberales en los que mandaba el dinero. Con el actual gobierno no se necesitan porque no existe tal tendencia. No hay interés, ni predisposición a violar los derechos de nadie. Todo es transparente y pulcro. Por eso se puede hacer todo lo que antes se criticaba. Porque los gobiernos neoliberales lo hacían intencionalmente mal para favorecer a unos cuantos que se enriquecían a costillas de nosotros, y ahora no es igual.

Por esa razón no se necesitan fideicomisos, no se necesitan órganos autónomos, ni defensores de derechos o garantías individuales. Porque el actual gobierno no violará ninguna de las prerrogativas que esos órganos autónomos ciudadanos debían proteger. Espero haya quedado claro.

Bajo esa premisa, para nuestro Presidente, no tener todos los hospitales al tope, aunque muchos sí, es haber domado la pandemia. Para él no cuenta que el centro de atención COVID que me toca por el lugar en el que vivo o soy derechohabiente o me queda más cerca, ya no tengan camas ni respiradores disponibles, si hay en Chihuahua y en el promedio nacional no están agotadas, estamos superando la crisis de salud.

Para Andrés Manuel, que se mueran menos del 15 % significa que vivirán más del 85% de los contagiados y podemos salir a retozar, no pasa nada. Por eso es entendible que López-Gatell diga “Quédense en casa” y AMLO declare que podemos salir a disfrutar.

Para el “pejidente” que las grandes empresas sobrevivan la crisis es que la economía está fuerte, habrá recuperación económica. Ya que solo existen las grandes empresas internacionales y las empresas familiares. Y como las grandes compañías sí resistirán la pandemia y a las empresas familiares sí les alcanzan 25 mil pesos para sobrevivir 3 meses, pues probablemente no pagan ni renta ni empleados, todo está dicho, lo de en medio nunca existió.

En la mente de López Obrador retrasar la pandemia permite demorar el envío de equipo para los hospitales. Claro ejemplo de ello es el Nuevo Hospital General de Culiacán, que se entregó al Ejército Nacional el 28 de mayo, con la esperanza de que el Gobierno Federal enviara de inmediato el equipo necesario para atender enfermos COVID en terapia intensiva. Y fue hasta el informe de ocupación de camas del 24 de junio que se dio a conocer que se contaba con 20 espacios para enfermos de coronavirus.

Pretender entender la visión de Andrés Manuel es un asunto complejo. Para sus seguidores lo que diga es correcto. El problema es, como lo escribí hace algunas semanas, que muy pocos lo entienden. No me considero uno de sus traductores, pero sí me parece, citando a José Ramón Cossío, que “mimetizarse al poder ejecutivo es la peor traición a la democracia”. Eso creo yo.